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«Si la gente pudiera ver que el cambio se produce como resultado de millones de pequeñas acciones que parecen totalmente insignificantes, entonces no dudarían de realizar estos pequeños actos». 

Howard Zinn.

Apenas empezaba aquel año, podía sentir el aire fresco de Enero entrar por mi ventana, acababa de sonar el despertador, 4:30 am. Estaba cansada, no sé si era por lo poco que había dormido o la vida ya se había vuelto una carga muy pesada.

Debía salir de la cama, pero una ráfaga de pensamientos invadió mi mente ¡No puedo seguir así!.

Tenía varios años trabajando en una empresa que quedaba a 2 horas y media de camino de mi casa. La rutina era, despertar cada día a las 4:30am salir de casa una hora después, cumplir el horario. Volver a casa a eso de las 9:30pm, agotada, apenas con aliento para cenar , estudiar algo de algunos cursos que estaba haciendo y dormir.

Ya no podía más, necesitaba un cambio. ¿Qué puedo hacer? Pensé, estando bajo mi manta calentita. “Debo levantarme y trabajar ¿Quién me dará de comer si lo dejo? El deber no me dejo ver con claridad lo que ya mi alma sabía. 

Ese día al volver a casa, sentí angustia y mucha tristeza. Sentía que estaba desperdiciando mi tiempo en algo que ya no me gustaba hacer. Tenía una responsabilidad demasiado grande y el solo pensar en dejar ese trabajo me daba pánico. Empecé a escribir aquella noche, necesitaba desahogarme. Escribí cosas como ¿Qué voy a hacer?¿De qué voy a vivir? ¿Qué va a decir mi familia y amigos? Ese era el trabajo soñado de mucha gente ¿Por qué lo dejaría? Estuve haciéndome cientos de preguntas algunas sin respuestas concretas. Pero una de estas preguntas resaltó en mi cuaderno ¿HASTA CUANDO VAS A ESTAR ASÍ? La respuesta fue radical “HASTA HOY”

«Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos». 

Eduardo Galeano.

No estaba dispuesta a seguir quemándome en un trabajo que ya no me inspiraba ni por mucho dinero que ganara ¿Acaso no era lo suficientemente inteligente para hacer otra cosa? Por supuesto que sí, así sea vender empanadas, dije. Lo que sea, que me permita crecer, ya en este trabajo había superado mi nivel de competencia, ya no podía seguir avanzado. Por eso me había estancado.

La sensación era como estar frente a un muro, empujando, sabiendo que al caer ese muro solo queda el vacío. Era tal, la sensación entre la incertidumbre y el miedo al cambio que no pude dormir. Pasaron las horas volando. Nuevamente 4:30am y aquel chillido del despertador. Esa era la alarma que necesitaba ¡Despierta, tienes una vida por delante! 

A llegar a la empresa, observé como nunca todo el entorno. Tenía que hacerlo bien, no podía simplemente renunciar y lanzarme al tenebroso foso del desempleado que no tiene un plan. Esta decisión debía ser contundente y ecológica (efectiva para todos). Simplemente quería que cada cosas tomara un orden antes de salir de allí.

Desde ese día trabaje con más intención, parte de mi plan era dejar la empresa mejor de lo que estaba (un compromiso muy personal). Reunir el dinero suficiente para vivir bien los primeros meses después de mi renuncia. Mientras tomaba vuelo en lo que realmente encendía mi alma.

Establecí un plazo de 8 meses, ni más, ni menos. No le conté a nadie lo que estaba haciendo, quería evitar los condicionamientos de mi entorno en relación a mi decisión. Ya podía escuchar a mi madre pegar el grito al cielo ¡Como se te ocurre dejar ese trabajo! Y junto con esa expresión cantidad de críticas de personas cercanas, que por supuesto las recibí 8 meses después.

Tenía todo preparado ya había trabajado mucho en conocer a qué me iba a dedicar. Hace muy poco que me había graduado de dos formaciones académicas, a parte estudiaba la carrera de psicología. No me preguntes de dónde saque tiempo para todo eso, solo puedo contarte que era tal mi enfoque que dormía muy poco y no porque no quisiera sino por la emoción que implicaba el trabajar al fin por mi cuenta.

Un mes antes de mi salida premeditada de la empresa, hablé con mi jefe. Quien con todo el amor del mundo, luego de palabras intensas de agradecimiento por mi trabajo me deseó la mejor de las suertes. Sí que la iba a necesitar, me adentraría a un mundo desconocido al que le llaman el MUNDO DEL EMPRENDIMIENTO.

Llegó el mes de Agosto, parecía como si no fuera a irme jamás de la empresa, trabajaba cada día con más amor, hacía horas extras (soy así de intensa). Integrando en mí el profundo agradecimiento no solo por ese trabajo sino también porque dejaría dedicarme a esa actividad, por la que también me había hecho una profesional en su momento.

20 de Agosto de aquel año, apenas dormí 2 horas, no veía la hora de emprender vuelo “literalmente”. Allí estaba con el corazón en la mano esperando al Super Jefe que había tenido, para despedirme de él. Luego de varias horas de espera (había un tanto de resistencia por su parte) Llegó, me miró con los ojos de la gratitud y mientras mi corazón palpitaba muy rápido, le entregué la carta de renuncia más larga que había recibido. Allí explicaba detalladamente lo que su empresa había aportado a mi vida para siempre. En un suspiro después de leerla un par de lagrimas y aquel frío apretón de manos, dije Adiós a aquella etapa. 

Sentí miedo, mucho miedo. Pero había algo en mí que decía que era la mejor decisión. Salí de aquel lugar dando el paso a libertad, a mi real independencia laboral. ¿Cómo lo iba hacer? No lo sabía aún, después crearía ese otro plan, por ahora solo estaba en el remolino de emociones que supone un cambio tan radical.

«Las cosas no cambian; cambiamos nosotros». 

Henry David Thoureau

Te cuento todo esto para que sepas, que si estas en un trabajo que ya no te gusta, o simplemente trabajas por necesidad, sabiendo que hay algo en ti que está pidiendo un cambio, PUEDES HACERLO, no existe impedimento alguno, ni la situación familiar, económica o social. Si creas un plan siendo paciente contigo mismo, dando oportunidad a que el agradecimiento se instale en tu vida, PODRÁS HACERLO. 

Ahora mismo puedes estar pensando “bueno Skarlet, para ti fue fácil, mi situación es distinta, tengo hijos, no tengo dinero ahorrado, etc.” Pues déjame decirte que no fue nada fácil y tampoco será fácil para ti, será lo más difícil que hagas en esta vida, pero te garantizo que valdrá la pena. Tus circunstancias cambiarán cuando decidas cambiar.

Establece tu plan de cambio, que sea realista. No esperes cambiar una vida en la que has invertido muchos años, en tres días. Ponte un plazo y cuáles son las acciones que vas a realizar. A pasos pequeños, pero seguros, podrás acercarte a eso que tanto deseas.

Hasta aquí este artículo de mi desafío personal #365escribiendo

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Te abrazo desde éste EL RINCÓN DONDE ESCRIBO.

Con Amor,

Skarlet

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4 Comentarios

  1. Lilian

    Los cambios asustan porque nos sacan de nuestra zona de confort. Como tú bien dices se necesita un plan sentir una llamada del alma. Es un verdadero desafío y se necesita mucha valentía pero vale mucho la pena perseguir y lograr tus sueños. Gracias por seguir compartiendo tus experiencias. Un abrazo desde mi corazón

    Responder
    • Skarlet Castro

      Así es bonita, sin un plan vamos con los ojos vendados.

      Responder
  2. Lily canchica

    Te amo mi pedasito de mi corazon y mivida entera

    Responder
    • Skarlet Castro

      También te amo con todo mi corazón

      Responder

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